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4, 5 y 6. Más allá de los estereotipos literarios: Zoraida y dos adolescentes arriesgadas

Presentación gráfica

Duración:
10/15 min
Agrupamiento:
Equipo RESILIENCIA

El equipo RESILIENCIA realiza en el aula la presentación del personaje de Zoraida, mientras HETERODOXIA se ocupa de Clara de Viedma y la hija de Diego de la Llana, con ayuda del soporte gráfico que hayan elaborado para ese fin.

Grabado
Paul Leroi. Zoraida (CC0)
Grabado
Gustave Doré. Zoraida y Rui (1ª parte, cap. 40) (Dominio público)

Dibujo

Apelles Mestres i Oñós. Clara de Viedma de la mano del juez (1ª parte, cap. 42-43) (Dominio público)

Grabado
Gustave Doré. Los guardias llevan a la hija de don Diego de la Llana (disfrazada de hombre) ante el gobernador Sancho Panza (2ª parte, cap. 49) (Dominio público)

 

Lectura y comentario

Duración:
30 min
Agrupamiento:
Cinco equipos. En conjunto.

Se realiza la lectura en el aula, coordinada por el equipo RESILIENCIA, y, seguidamente, el comentario con la guía del cuestionario y la asesoría, además, del equipo HETERODOXIA sobre los personajes de las dos adolescentes.

Lectura

Hay otras mujeres en el Quijote que adaptan de forma original los estereotipos literarios. No son personajes planos, que sirvan de fondo a la acción masculina. Traspasan ciertos límites sociales para sostener un romance, más o menos desarrollado, con su contraparte: así ocurre con Clara de Viedma (sobrina del cautivo Ruy Pérez de Viedma), quien transgrede la clausura paterna para mostrarse al jovencísimo Don Luis, el cual la sigue disfrazado de mozo de mulas (1ª parte, cap. 43):

"Este que canta, señora mía, es un hijo de un caballero natural del reino de Aragón, señor de dos lugares, el cual vivía frontero de la casa de mi padre en la Corte; y, aunque mi padre tenía las ventanas de su casa con lienzos en el invierno y celosías en el verano, yo no sé lo que fue, ni lo que no, que este caballero, que andaba al estudio, me vio, ni sé si en la iglesia o en otra parte. Finalmente, él se enamoró de mí, y me lo dio a entender desde las ventanas de su casa con tantas señas y con tantas lágrimas, que yo le hube de creer, y aun querer, sin saber lo que me quería. Entre las señas que me hacía, era una de juntarse la una mano con la otra, dándome a entender que se casaría conmigo; y, aunque yo me holgaría mucho de que ansí fuera, como sola y sin madre, no sabía con quién comunicallo, y así, lo dejé estar sin dalle otro favor si no era, cuando estaba mi padre fuera de casa y el suyo también, alzar un poco el lienzo o la celosía y dejarme ver toda, de lo que él hacía tanta fiesta, que daba señales de volverse loco. Llegóse en esto el tiempo de la partida de mi padre, la cual él supo, y no de mí, pues nunca pude decírselo. Cayó malo, a lo que yo entiendo, de pesadumbre; y así, el día que nos partimos nunca pude verle para despedirme dél, siquiera con los ojos. Pero, a cabo de dos días que caminábamos, al entrar de una posada, en un lugar una jornada de aquí, le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas, tan al natural que si yo no le trujera tan retratado en mi alma fuera imposible conocelle. Conocíle, admiréme y alegréme; él me miró a hurto de mi padre, de quien él siempre se esconde cuando atraviesa por delante de mí en los caminos y en las posadas do llegamos; y, como yo sé quién es, y considero que por amor de mí viene a pie y con tanto trabajo, muérome de pesadumbre, y adonde él pone los pies pongo yo los ojos". 

Zoraida prepara activamente la huida del cautivo y acaba yendo con él, aunque desde entonces adopta una actitud pasiva. Ella se declaró al cautivo en una nota, de esta manera (1ª parte, cap. 40):

"Cuando yo era niña, tenía mi padre una esclava, la cual en mi lengua me mostró la zalá cristianesca, y me dijo muchas cosas de Lela Marién. La cristiana murió, y yo sé que no fue al fuego, sino con Alá, porque después la vi dos veces, y me dijo que me fuese a tierra de cristianos a ver a Lela Marién, que me quería mucho. No sé yo cómo vaya: muchos cristianos he visto por esta ventana, y ninguno me ha parecido caballero sino tú. Yo soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos dineros que llevar conmigo: mira tú si puedes hacer cómo nos vamos, y serás allá mi marido, si quisieres, y si no quisieres, no se me dará nada, que Lela Marién me dará con quien me case". 

La hija adolescente de Don Diego de la Llana se vistió de hombre para salir a la calle con su hermano, al amparo de la noche, después de años de encierro, pero fue detenida por los criados de Sancho, durante su corto gobierno de la "Ínsula" (en realidad, un pueblo tributario de los duques): 

"- No es otra mi desgracia, ni mi infortunio es otro sino que yo rogué a mi hermano que me vistiese en hábitos de hombre con uno de sus vestidos y que me sacase una noche a ver todo el pueblo, cuando nuestro padre durmiese; él, importunado de mis ruegos, condecendió con mi deseo, y, poniéndome este vestido y él vestiéndose de otro mío, que le está como nacido, porque él no tiene pelo de barba y no parece sino una doncella hermosísima, esta noche, debe de haber una hora, poco más o menos, nos salimos de casa; y, guiados de nuestro mozo y desbaratado discurso, hemos rodeado todo el pueblo, y cuando queríamos volver a casa, vimos venir un gran tropel de gente, y mi hermano me dijo: “Hermana, ésta debe de ser la ronda: aligera los pies y pon alas en ellos, y vente tras mí corriendo, porque no nos conozcan, que nos será mal contado”. Y, diciendo esto, volvió las espaldas y comenzó, no digo a correr, sino a volar; yo, a menos de seis pasos, caí, con el sobresalto, y entonces llegó el ministro de la justicia que me trujo ante vuestras mercedes, adonde, por mala y antojadiza, me veo avergonzada ante tanta gente.

- ¿En efecto, señora -dijo Sancho-, no os ha sucedido otro desmán alguno, ni celos, como vos al principio de vuestro cuento dijistes, no os sacaron de vuestra casa?

- No me ha sucedido nada, ni me sacaron celos, sino sólo el deseo de ver mundo, que no se estendía a más que a ver las calles de este lugar" (2ª parte, cap. 49).

Comentario

1. ¿Qué tienen en común esas tres mujeres en sus respectivas historias? ¿Se someten o se rebelan a la autoridad patriarcal?

2. ¿Crees que la novela defiende el derecho de estas mujeres a actuar con la misma libertad que los hombres? ¿Por qué?

3. ¿Cuál de ellas merece el apelativo de heroína: afronta los mayores riesgos y se conduce con mayor valentía, dentro de su propia historia? ¿A quiénes beneficia, además de a sí misma?