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7 y 8. Duquesa y Teresa

Presentación gráfica

Duración:
10 min
Agrupamiento:
Equipo SABIDURÍA

El equipo SABIDURÍA realiza en el aula la presentación del personaje de Teresa, y el equipo NOBLEZA hace lo mismo con la Duquesa, haciendo uso del soporte gráfico que hayan elaborado para ese fin.

Grabado
Gustave Doré. Sanchica guía al paje hacia su madre (2ª parte, cap. 50) (Dominio público)
Sancho y la duquesa
Gustave Doré. Sancho con la duquesa (2ª parte, cap. 33) (Dominio público)

Lectura y comentario

Duración:
30 min
Agrupamiento:
Cinco equipos. En conjunto.

Se realiza la lectura en el aula, coordinada por el equipo SABIDURÍA, y, seguidamente, el comentario con la guía del cuestionario y la asesoría, además, del equipo NOBLEZA sobre el personaje de la duquesa.

Lectura

Cervantes hace dialogar, aunque desde la distancia, a dos mujeres en dos extremos de la sociedad separada en estamentos: el Antiguo Régimen. 

Por una parte, la Duquesa, a la que no conocemos por su nombre, sino por el empeño en inventar una trama de sofisticados engaños a costa del caballero y el escudero, Quijote y Sancho, pretende justificarlos por la necesidad de escarmentar al loco/cuerdo, pero en realidad le sirven para ejercitar su dominio señorial y divertirse por medio de la burla. 

Por otra parte, la compañera de Sancho Panza, al principio llamada Mari Gutiérrez, luego Teresa Panza, comenzó dando la réplica a su marido con escepticismo, por haber seguido a Don Quijote en la 1ª parte: "—¿Qué es lo que decís, Sancho, de señorías, ínsulas y vasallos? —respondió Juana Panza, que así se llamaba la mujer de Sancho, aunque no eran parientes, sino porque se usa en la Mancha tomar las mujeres el apellido de sus maridos" (1ª parte, cap. 52). 

Sin embargo, se deja contagiar por la ambición de Sancho al recibir una carta de la duquesa (2ª parte, cap. 50):

"Contó la duquesa al duque lo que le había pasado, de lo que se holgó mucho, y la duquesa, prosiguiendo con su intención de burlarse y recibir pasatiempo con don Quijote, despachó al paje que había hecho la figura de Dulcinea en el concierto de su desencanto -que tenía bien olvidado Sancho Panza con la ocupación de su gobierno- a Teresa Panza, su mujer, con la carta de su marido, y con otra suya, y con una gran sarta de corales ricos presentados.

Dice, pues, la historia, que el paje era muy discreto y agudo, y, con deseo de servir a sus señores, partió de muy buena gana al lugar de Sancho; y, antes de entrar en él, vio en un arroyo estar lavando cantidad de mujeres, a quien preguntó si le sabrían decir si en aquel lugar vivía una mujer llamada Teresa Panza, mujer de un cierto Sancho Panza, escudero de un caballero llamado don Quijote de la Mancha, a cuya pregunta se levantó en pie una mozuela que estaba lavando, y dijo:

-Esa Teresa Panza es mi madre, y ese tal Sancho, mi señor padre, y el tal caballero, nuestro amo.

-Pues venid, doncella -dijo el paje-, y mostradme a vuestra madre, porque le traigo una carta y un presente del tal vuestro padre.

-Eso haré yo de muy buena gana, señor mío -respondió la moza, que mostraba ser de edad de catorce años, poco más a menos.

Y, dejando la ropa que lavaba a otra compañera, sin tocarse ni calzarse, que estaba en piernas y desgreñada, saltó delante de la cabalgadura del paje, y dijo:

-Venga vuesa merced, que a la entrada del pueblo está nuestra casa, y mi madre en ella, con harta pena por no haber sabido muchos días ha de mi señor padre.

-Pues yo se las llevo tan buenas -dijo el paje- que tiene que dar bien gracias a Dios por ellas.

(...)

Amiga Teresa:

Las buenas partes de la bondad y del ingenio de vuestro marido Sancho me movieron y obligaron a pedir a mi marido el duque le diese un gobierno de una ínsula, de muchas que tiene. Tengo noticia que gobierna como un girifalte, de lo que yo estoy muy contenta, y el duque mi señor, por el consiguiente; por lo que doy muchas gracias al cielo de no haberme engañado en haberle escogido para el tal gobierno; porque quiero que sepa la señora Teresa que con dificultad se halla un buen gobernador en el mundo, y tal me haga a mí Dios como Sancho gobierna.

Ahí le envío, querida mía, una sarta de corales con estremos de oro; yo me holgara que fuera de perlas orientales, pero quien te da el hueso, no te querría ver muerta: tiempo vendrá en que nos conozcamos y nos comuniquemos, y Dios sabe lo que será. Encomiéndeme a Sanchica, su hija, y dígale de mi parte que se apareje, que la tengo de casar altamente cuando menos lo piense.

Dícenme que en ese lugar hay bellotas gordas: envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho, por ser de su mano, y escríbame largo, avisándome de su salud y de su bienestar; y si hubiere menester alguna cosa, no tiene que hacer más que boquear: que su boca será medida, y Dios me la guarde. Deste lugar.

Su amiga, que bien la quiere,

La Duquesa.

-¡Ay -dijo Teresa en oyendo la carta-, y qué buena y qué llana y qué humilde señora! Con estas tales señoras me entierren a mí, y no las hidalgas que en este pueblo se usan, que piensan que por ser hidalgas no las ha de tocar el viento, y van a la iglesia con tanta fantasía como si fuesen las mesmas reinas, que no parece sino que tienen a deshonra el mirar a una labradora; y veis aquí donde esta buena señora, con ser duquesa, me llama amiga, y me trata como si fuera su igual, que igual la vea yo con el más alto campanario que hay en la Mancha" (2ª parte, cap. 50).

Comentario

1. ¿Qué te hace sentir la situación creada por la duquesa y sus relaciones epistolares con Teresa? Agrado, desagrado, inquietud, sorpresa, etc. 

2. ¿Cuánto hay de soberana libertad por parte de la duquesa y cuánto de engaño a Teresa y a sí misma?

3. ¿Cómo reacciona Teresa? ¿Te parece coherente con la situación o se deja engañar por ilusiones? Sigue leyendo el cap. 50 para obtener más detalles.